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Arte Correo desde México: Una Errática Investigación

El curador Mauricio Marcin esboza una breve historia del arte correo, a partir de diversos archivos ubicados en la Ciudad de México, argumentando que los remanentes del arte correo nos obligan a “seguir pensando”. Este ensayo es una versión adaptada y traducida del texto “Arte Correo en un Libro”, publicado originalmente en Mauricio Marcin (ed.), Artecorreo (Ciudad de México: Museo de la Ciudad de México / Editorial RM, 2011). La publicación fue creada como parte de la exposición Arte Correo, efectuada en el Museo de la Ciudad de México del 27 de octubre de 2009 al 27 de febrero de 2010.

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Mauricio Marcin

Curator Museo Experimental el Eco Mauricio Marcin works as researcher at Museo Experimental el Eco in México City. From 2007 to 2012 he was curator of El Clauselito, a project room in the Museo de la... Read more »
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Arte Correo desde México: Una Errática Investigación

El curador Mauricio Marcin esboza una breve historia del arte correo, a partir de diversos archivos ubicados en la Ciudad de México, argumentando que los remanentes del arte correo nos obligan a “seguir pensando”. Este ensayo es una versión adaptada y traducida del texto “Arte Correo en un Libro”, publicado originalmente en Mauricio Marcin (ed.), Artecorreo (Ciudad de México: Museo de la Ciudad de México / Editorial RM, 2011). La publicación fue creada como parte de la exposición Arte Correo, efectuada en el Museo de la Ciudad de México del 27 de octubre de 2009 al 27 de febrero de 2010.

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El curador Mauricio Marcin esboza una breve historia del arte correo, a partir de diversos archivos ubicados en la Ciudad de México, argumentando que los remanentes del arte correo nos obligan a “seguir pensando”. Este ensayo es una versión adaptada y traducida del texto “Arte Correo en un Libro”, publicado originalmente en Mauricio Marcin (ed.), Artecorreo (Ciudad de México: Museo de la Ciudad de México / Editorial RM, 2011). La publicación fue creada como parte de la exposición Arte Correo, efectuada en el Museo de la Ciudad de México del 27 de octubre de 2009 al 27 de febrero de 2010.

Aclaratoria1

Un artecorreista anónimo afirmó que el arte correo surgió de la unión de las palabras arte y correo. Denominó a un envío postal como continente de arte; mejor, como arte. Un giro de tuerca a la proposición de un célebre francés que convirtió un urinario en oro imaginario.

Ciertamente, el arte correo existe por su pronunciación, pero es además inseparable de una acción que no es conceptual ni imaginaria sino física y real: el envío. El arte correo no es sólo un logos nuevo; es además materia en movimiento, tránsito y reciprocidad.

Cabe reiterar que las obras de arte correo tienen en común un viaje: fueron enviadas de un determinado lugar a otro.

Tengo para mí, que el arte correo es los dos ríos, la memoria y el olvido. Estos dos ríos corren por cada obra.

Algunos hechos (viajan livianos papeles)

En marzo de 1966, la Galería Universitaria Aristos de la UNAM inauguró la exposición Poesía Concreta Internacional. En el catálogo de la exposición se reproducen unas notas del profesor Max Bense que aparecieron en su versión original como prefacio a la antología Poesía Concreta Internacional publicada en Stuttgart en 1965. Bense primero descarta: "La poesía concreta no se halla vinculada con las relaciones lineales gramaticales o consecutivas de las palabras, ni desde un punto de vista semántico ni estético". Para luego afirmar: "La poesía concreta se basa en las relaciones visuales de los diversos elementos, y en su relación con el espacio plano bidimensional dentro del que se encuentran contenidos".

Esta concepción del espacio, creada por los poetas concretos y expresada por Bense, se presentará también en los envíos de arte correo; puede considerarse influencia y antecedente.

A la vez, se puede recordar que los poetas concretos (especialmente los brasileños del grupo Noigandres) releyeron el poema que Mallarmé publicó hacia finales del siglo XIX. Los versos de Un tiro de dados (Un coup de dés) les enseñaron otro modo de ver, de leer y de ocupar el espacio en la página.

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Augusto de Campos, Lygia Fingers, 1953. Cortesía Augusto de Campos

Dice Borges de Edgar Allan Poe "La novela policial ha creado un tipo especial de lector. Eso suele olvidarse cuando se juzga la obra de Poe; porque si Poe creó el relato policial, creó después el tipo de lector de ficciones policiales".

Los poetas concretos crearon también un nuevo tipo de lector; una nueva forma de leer y observar imágenes.

La antiquísima forma de escritura epistolar se ciñe a la ley de la sucesión, es decir del tiempo. Una epístola cifra su sentido en la sucesión de las palabras contenidas en la carta; el sentido brota a partir de las secuencias de palabras. Una epístola, por decirlo de modo común, se escribe y se lee de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo en un tiempo sucesivo. Un texto literario también.2 El arte correo, en cambio, no tiene centro ni izquierda ni derecha. Cifra su sentido en las relaciones producidas por los distintos signos contenidos en el espacio total; estas relaciones no son lineales ni sucesivas, como en los textos epistolares y literarios, sino multidireccionales y simultáneas. El arte correo propone un imposible: la visión de un tiempo infinito.

Otra particularidad en la muestra de Poesía Concreta Internacional influye la práctica del arte correo en México. Para explicarlo hay que hacer mención de Mathias Goeritz, acreditado por la historia como Director Huésped de la Exposición.

Hacia esos años Goeritz gozaba de una red de interlocutores (fomentada incluso antes de su arribo a México) con quienes intercambiaba por medio del correo, cartas, fotografías, objetos gráficos, collages, documentación de obras, tarjetas postales, recortes de revistas, fotocopias, sellos, estampas, etcétera. Basta imaginar las posibilidades de un sobre y un jarrito. Los corresponsales de Goeritz se dispersaban por Europa y América. Enviando de ida y vuelta.

Avanzaré que en los años previos a la exposición, Goeritz fue recibiendo por correo los materiales que habrían de conformarla. De ese modo entró en contacto con los poetas concretos brasileños Augusto de Campos, Haroldo de Campos y Décio Pignatari, con el suizo Eugen Gomringer, con el tipógrafo alemán Hansjörg Mayer, con Dieter Roth y muchos otros artistas que participaron del movimiento. Este modelo para intercambiar arte mostró un camino a los artecorreistas.

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Augusto de Campos, Popconcretos: Olho por Olho (Eye for Eye, 1964). Cortesía Augusto de Campos

Goeritz nunca se acreditó como artecorreista, aun cuando sostuvo comunicación con mucha gente que impulsó la móvil configuración de la red, entre ellos Clemente Padín y Edgardo Antonio Vigo.3

Bajo la dictadura militar uruguaya, Padín organizó en 1974 el Festival de la Postal Creativa, en la Galería U en Montevideo. En 1975, los brasileños Paulo Bruscky e Ypiranga Filho, celebraron en Recife la Primera Exposición Internacional de Arte Postal. En ese mismo año, Vigo y Horacio Zabala, organizaron, no sin humor, la Última Exposición Internacional de Arte Postal en la Galería Arte Nuevo, en Buenos Aires, Argentina.

No importa tanto cuál exposición aconteció primero y cuál después como que en conjunto evidencian que, mediada la década, muchos artistas desde remotos lugares del mundo intercambian arte por correo. Se muestran los envíos, y como veladura, la red.

La antecitada Última Exposición Internacional de Arte Postal reunió obras de 199 artistas de 25 países distintos. Meses y livianos papeles en el aire. Entre todos, el único envío realizado desde México fue de Pedro Friedeberg, quien conoció al organizador de la muestra, Edgardo Antonio Vigo, por medio de Mathias Goeritz.

Al llegar al Distrito Federal –luego de su estadía en Guadalajara– Goeritz impartió clases de arquitectura en la Universidad Iberoamericana. En sus aulas conoció a Pedro Friedeberg, precisamente en 1955. A partir de ese momento y por muchos años intercambiaron copiosa correspondencia. Algunas veces las cartas llevaban noticias de asuntos personales o familiares, opiniones sobre proyectos escultóricos o arquitectónicos. Otras veces los envíos contenían obra. En 1988, Goeritz le escribió a Diana, hija de Friedeberg: “te mando hoy una escultura de papel y un dibujo”.

Pedro, en una carta de 1982, le envió a Mathias tres posiciones de Yoga (Sarvangasana, Halasana, Mayurasana) y le sugiere practicarlas antes de dormir: “they will help you get thru life plus facilement”.

Las correspondencias de Friedeberg van adornadas bellamente con dibujos y sellos. Su prolífica inclinación a pintar y mandar cartas ha sido constante durante cincuenta años. Calculo –es una estimación personalísima– que ha enviado aproximadamente dos mil en los últimos días, desde un amplio palacio con laberintos y jardines.

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Cartas de Pedro Freideberg al lado de la obra de Felipe Ehrenberg, Arriba y Adelante (Upwards and Onwards) en la muestra Arte Correo Museo de la Ciudad de México, del 27 de octubre de 2009 al 27 de febrero de 2010.

La dispersa memoria

Desconozco el modo en que muchos artistas comenzaron a intercambiar con otros.4 De algún modo Friedeberg conoció a Ray Johnson, a quien Grace Glueck describió en una página del New York Times como el artista desconocido más famoso de Nueva York.5

La primera reunión de la New York Correspondance School aconteció el primero de abril de 1968. Al parecer no sucedió nada. Johnson, quien desde 1961 celebraba eventos denominados Nothings (Nadas) en una actitud opuesta a los Happenings o Sucesos, citó a varias reuniones (como la Seating-Meeting) de las cuales escribía reportes y crónicas que fotocopiaba y distribuía por correo, lo mismo a los asistentes que a destinatarios desconocidos, haciendo posible que una audiencia inesperada recibiera su obra y participara de futuras convocatorias. Esta distribución no selectiva, azarosa incluso, constituyó un modelo recurrente en el arte correo.

En 1972, Johnson invitó a Pedro Friedeberg a participar en la Primera Escupida de la Escuela de Arte por Correspondencia (First New York Correspondance School Spitting), a la cual se sumó con un escupitajo desde Paseo de la Reforma. En otro envío, lo convidó a la Primera Reunión del Club de Marcel Duchamp a la cual Friedeberg no asistió. Ambos se cartearon por años; el correo permitió a Friedeberg participar en las actividades de la ficticia escuela y estar al tanto del grupo Fluxus cercano a Ray Johnson.

Ni regalo ni trueque: ¡la copa!

Tras la represión del movimiento estudiantil en Tlatelolco, Felipe Ehrenberg y Martha Hellion dejan México, pasan por Nueva York y llegan, con sus dos hijos, a Londres en 1970.

Ese mismo año Ehrenberg envió desde Inglaterra a México doscientas tarjetas postales pintadas – variablemente – con "manchas" negras, las cuales fueron recibidas por Alberto Híjar.

Híjar y los asistentes al tercer Salón Independiente en el Museo Universitario de Ciencias y Artes de la UNAM, montaron en un muro las tarjetas postales siguiendo unas instrucciones de armado: pintaron por número.

La imagen mostró, entonces, a una mujer con los labios ligeramente abiertos y el cuello en éxtasis. En la mano izquierda la mujer sostiene un balón de fútbol alusivo a la Copa del Mundo que se jugó ese año en México. Con la mano derecha aprieta su seno y ofrece una invisible leche.

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Felipe Ehrenberg, Obra secretamente titulada Arriba y Adelante . . . y si no pues también. Cortesía Felipe Ehrenberg

La obra Arriba y Adelante alude en su título al lema de campaña de Luis Echeverría, quien se convertiría ese mismo año en presidente de México.6 La colaboración del público en el armado de la fragmentada pintura postal recuerda también otro eslogan, “la solución somos todos”, utilizado por José López Portillo seis años después para su campaña presidencial y que más tarde se parodiaría como “la corrupción somos todos”.

Muchos de los trabajos de Ehrenberg en la época son producciones múltiples que distribuye por correo. De esta manera, al mismo tiempo, vive el exilio y la cercanía.

Felipe Ehrenberg y Martha Hellion mudarían su residencia de Londres a Devon para fundar en 1971 junto a David Mayor y Chris Welch la editorial Beau Geste Press. El nombre de la editorial surgió de la contracción de beautiful y Gestetner, aludiendo al hermoso mimeógrafo alemán que utilizaron para imprimir trabajos de poetas visuales, conceptualistas y artistas del movimiento Fluxus. La editorial, ubicada en una casona del siglo XII, permitió a Ehrenberg colaborar con decenas de artistas radicados en Europa.

A su regreso a México, el directorio de Ehrenberg multiplicará el contacto entre los artistas radicados en el país y los artistas europeos. Las consecuencias son imaginables.

Sin ganas de genealogía

Entre los practicantes tempranos del arte correo en México encontramos a Aarón Flores, quien en 1979 realizó la Expocorreográfica, una muestra de tarjetas postales que multiplicó con ayuda de una fotocopiadora para enviarlas a amigos, museos, galerías y revistas. Algunos documentos atribuyen a Flores la creación del CRAAG, Centro Receptor de Arte y Archivo General, que consistió en una caja de cartón en la que almacenaba los envíos recibidos.

En 1979 aconteció también la exposición Arte-Correo México organizada por Sebastián en el museo Carrillo Gil, la cual mostró aproximadamente 200 envíos provenientes de México, Brasil, Italia, Holanda, E.U.A., Francia, Inglaterra, Canadá, Suiza, Alemania, Bulgaria, Hungría, Austria, Japón, Cuba, China, Argentina, Colombia y Polonia.

Entre los artistas mexicanos que fueron participantes muy activos de la red, vale la pena enlistar a: Mauricio Guerrero, Manuel Marín, Magali Lara, Felipe Ehrenberg, Helen Escobedo, José Luis Cuevas, Mathias Goeritz, Grupo Março, Pedro Friedeberg, Aarón Flores, Sebastián, César Espinoza, Araceli Zúñiga, Blanca Noval, Marcos Kurtycz, Maris Bustamante, Mónica Mayer y Alberto Gutiérrez Chong.

No considero vano este enlistado. Cada uno de los artistas referidos constituye una liga que conduce a otros artecorreistas, y éstos a otros que no están mencionados.

Una tesis presentada en 1984 por Mauricio Guerrero a la UNAM sobre el arte correo hace un recuento acucioso de los eventos del movimiento en México, entre 1970 y 1984. En ella se incluyen listas de participantes de la red, entrevistas, directorios, fechas y cronologías. Se incluyen también enunciaciones de los artistas sobre el arte correo. Algunos se refieren al movimiento como Arte Postal, Arte de Correo, Arte por Correspondencia, Eternal Network o como el Gran Monstruo. Cada artista posee una concepción particular.7

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El Arte Correo en México de Mauricio Guerrero.

Dice Mauricio Guerrero en su tesis: “en general se coincide que ha sido gracias al azar que aún no se le haya definido; en el momento en que eso ocurra, quedará atrapado y encajonado, dejando de ser lo que es todavía: una alternativa”.

En 1990 la Universidad Autónoma Metropolitana reeditó la investigación de Guerrero con una presentación de Juan Acha. El teórico festeja la publicación “en primer término, porque es investigado un no-objetualismo. Como es sabido, los artistas del arte correo no cifran lo substancial de sus obras en los atributos de la materialidad de ellas como objetos. Lo cifran en los efectos de éstas sobre los destinatarios. […] la falta de una obra convencionalmente pulcra y duradera, contraviene –de hecho– a la actual sobrevaloración de todo objeto, propagada por nuestras sociedades consumistas. La obra de arte en su calidad de objeto deviene hoy un fin en sí mismo, cuando en la antigüedad siempre fue un medio de enriquecimiento de nuestras relaciones estéticas diarias con la naturaleza y nuestros semejantes”.

Los artecorreistas intentaron la desobjetualización del trabajo creativo para sustraerlo del consumo y la enajenación. También enfatizaron la prohibición de comerciar con los envíos. Las obras se enviaban a condición de no venderlas.

En la actualidad, el mercadeo artístico ha logrado cortejar a algunos artistas que contravinieron el principio. Muchos otros aún lo respetan y cuidan los envíos sin lucrar con ellos; continúan difundiéndolos y haciéndolos públicos.

Recuerdo la sentencia de Bourriaud: “lo que no puede comercializarse está destinado a desaparecer”. Recuerdo a Camille de Toledo: “todo lo que el Estado y el mercadeo no han marchitado aún, terminarán por marchitarlo”.

Recuerdo, por último, unos versos de Borges para una versión del “I Ching”:

No te arredres. La ergástula es oscura, La firme trama es de incesante hierro, Pero en algún recodo de tu encierro Puede haber una luz, una hendidura. El camino es fatal como la flecha. Pero en las grietas está Dios, que acecha.

Muertes y mudanzas

En la década de 1980 se aglutinan la mayor cantidad de sucesos relacionados con el arte correo en México, el mayor flujo. A finales de la misma década se registra también su extinción y su desuso. Algunos sugieren como probables consecuencias el auge del circuito, la proliferación y la saturación.

“Es cierto que (el arte correo) amplió los horizontes de la participación de productores en el circuito artístico, pero asimismo prohijó una surtida gama de formalismos y epigonismos, que, por demás, hacen corto circuito dado el afán de responder a todo tipo de invitaciones y temáticas”.8

Una obra de Ulises Carrión previó con humor la saturación del medio. Sobre una postal blanca escribió con letra manuscrita: “No me importa de qué se trata tu proyecto, quiero estar en él”.

Ulises carrion i want to copy
Ulises Carrión, The "I-want-to-be-in-your-catalogue-no-matter-what-the-theme-of-your-project-is" card.
Fechasulises
Ulises Carrión.

Algunos mudaron su quehacer a nuevas prácticas y medios que les permitieron continuar con la descentralización artística pretendida por el arte correo.

“Cuando desde cada aldea o provincia se pueden enviar mensajes creativos y ser conocidos o transmitidos hacia una multiplicidad de lugares, en contraposición a los centros rectores del arte implantados desde la segunda posguerra, donde una trama de galerías, museos, críticos y marchands controla un cerrado aparato de mercadeo y prestigio que se enseñorea sobre el arte universal, deja de haber marginados en la expresión. […] Cabría utilizar las posibilidades del sistema y orientarse a que proliferen estos circuitos de comunicación localizada – controlados por los mismos emisores y receptores – a efecto de que se entretejan y fluyan por todos los estratos sociales en términos diferentes y contrapuestos a los códigos uniformadores, intrínsecamente represivos, de la cultura y comunicación dominantes.”9

Adictos a las ruinas

Temprano, en la investigación, deseábamos compilarlo todo, encontrarlo todo, rastrear cada envío y cada contestación.

Nos guiaba un impulso similar al de los cartógrafos de un memorable poema de Suárez Miranda (que se basa en otro de Lewis Carroll).

“En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el Mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el Mapa del Imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, estos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el Tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él.”10

Más pronto que tarde, advertimos también la imposibilidad de recuperar y representar el arte correo; fuimos comprendiendo que cada envío nutrió la red y con cada envío mutó de forma. Tuvo, es de suponerse, casi infinitas formas.

Recuerdo el río de Heráclito al que nunca bajamos dos veces.

Pienso en el tiempo, y no dilato esta versión.

Remito, mejor, al concierto de las obras y los ensayos de quienes las estudian.

Aun, sugiero que el arte correo fue. Un bello intersticio.

Tengo para mí, que las obras son (disculpen la horrible metáfora) restos del cadáver.

Seguir pensando

El arte correo ha dejado de existir. Pero los maestros hablaron. Recién consideré que las obras son restos de un cadáver y voy a corregirme. Las obras son su memoria. Sus palabras aún nos hablan y en ellas resuena el mar.

Extiendo la invitación de un ciego iluminado: magister dixit (el maestro lo ha dicho). Esto no significa que debamos repetir o imitar lo que el maestro ha dicho; por el contrario, afirma la libertad de seguir pensando el pensamiento inicial del maestro.

A nosotros, quienes bajamos ahora al río, nos toca seguir pensando. Colmar el tiempo de belleza. Seguir pensando. Y cesar.

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Poema Colectivo Revolucioón

Image courtesy of the artists
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Poema Colectivo: Revolución en la exposición Arte Correo (Mail Art), Museo de la Ciudad de México del 27 de octubre de 2009 al 27 de febrero de 2010.
1.

Este ensayo es una versión adaptada y traducida del texto “Arte Correo en un Libro”, publicado originalmente en Mauricio Marcin (ed.), Arte correo (Ciudad de México: Museo de la Ciudad de México / Editorial RM, 2011). La publicación fue creada como parte de la exposición Arte Correo, efectuada en el Museo de la Ciudad de México del 27 de octubre de 2009 al 27 de febrero de 2010.

2.

Ulises Carrión publicó El Nuevo Arte de Hacer Libros, primero, en 1975 en la revista Plural (número 41) y luego en una versión en inglés en Kontexts, 6 y 7 el mismo año. El ensayo puede consultarse en línea en ambos idiomas. Martha Hellion ha estudiado y reunido la obra del artista y coordinó la publicación Ulises Carrión: ¿Mundos personales o estrategias culturales?

3.

A partir de 1967, Clemente Padín, Edgardo Antonio Vigo, Guillermo Deisler y Dámaso Ogaz intercambian por correo entre Uruguay, Argentina, Chile y Venezuela las publicaciones que cada artista editaba. Los Huevos del Plata (Padín), Diagonal Cero (Vigo), Ediciones Mimbre (Deisler) y La Pata de Palo (Ogaz) difundieron la poesía experimental latinoamericana y el arte correo.

4.

En entrevistas los artistas ofrecían datos contradictorios. Buscábamos distintas fuentes y los libros informaban con irregularidad. Una exposición había sucedido en 1974 y en 1979. Buscábamos lo escrito en piedra para corroborar; un papel, una invitación. Pero la historia tanto escribe como borra. Los artecorreistas escribieron también en la arena.

5.

Grace Glueck, “What Happened? Nothing”, New York Times, April 11, 1965.

6.

Obra secretamente titulada Arriba y Adelante…y si no pues también (Work secretly titled Upwards and Onwards…whether you like it or not).

7.

Guerrero, Mauricio, “El Arte Correo en México” (UNAM, 1990). La tesis de Mauricio Guerrero es difícil de conseguir pero muchos de los artistas referidos en ella –y parcialmente enlistados arriba– pueden ser investigados en otros lados; en internet hay muchísima información sobre el arte correo y los artistas involucrados. Este libro se suma a esas y otras investigaciones sobre el movimiento. Basta googlear un nombre para tener un punto, o un término.

8.

César Espinoza, Araceli Zúñiga. La Perra Brava. México: UNAM, 2002.

9.

Espinoza, Zúñiga, op. cit.

10.

Publicado en 1946 por B. Lynch Davis en Los Anales de Buenos Aires, año 1, no. 3.

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El arte correo en México en los años 1970s fue el resultado de un impulso de fuga. Fuga del museo, el nacionalismo, el autoritarismo, el mercado, fuga de la inmediatez entre la producción y la recepción de la obra de arte. Su fugacidad es también una tendencia a la desaparición, no sólo del arte de caballete sino de la noción de obra como entidad unitaria y completa. Esta voluntad de huida, de flujo y de escape es como más frecuentemente se han pensado las expresiones artísticas por vía postal en Latinoamérica. Así, escribe Mauricio Marcin, “[l]os artecorreistas intentaron la desobjetualización del trabajo creativo para sustraerlo del consumo y la enajenación”. Este proceso de sustracción y huida corrió inevitablemente el riesgo de llevar su fugacidad hasta lo invisible, su inmaterialidad hasta su propia disolución. El peso material de las obras, hoy que las memorializamos, nos habla, sin embargo, de otras tendencias que también estuvieron en curso. Es decir, así como estos ejercicios conceptualistas no alcanzaron en ningún momento un punto de desmaterialización, tampoco fueron meras islas de exilio del mundo del arte. Los artecorreístas buscaron el encuentro y, cito a Marcin, “la reciprocidad”.

Cabe así explorar el doble sentido originario de la palabra fuga, sentido que hoy hemos perdido, aunque parezca regresar de manera ominosa. Por un lado está la conocida noción de fuga como huida, del latín fugere. La perdida raíz fugare, sin embargo, denota la acción opuesta de perseguir algo, dispersarlo o provocar su huida. Si el arte correo fue un arte de la fuga, no lo fue sólo por su calidad huidiza, intersticial y deslocalizada, sino por sus impulsos de penetración y crítica, aquellos que buscaron desplazar y transformar ciertas tradiciones artísticas. Pienso en ejemplos específicos, pues todo impulso generalizador es inevitable presa de las “casi infinitas formas” de este arte (Marcin).

A finales de 1982, el artista experimental polaco-mexicano Marcos Kurtycz anunció a la escultora Helen Escobedo, entonces directora del Museo de Arte Moderno (MAM) en México que sería bombardeada. A esta amenaza verbal siguieron 365 “cartas-bombas” (una cada día del año), que consistieron en envíos postales de muy diversa naturaleza, pero siempre marcados por la imaginación inventiva del artista y su exploración con diversas técnicas de impresión. Antes que agresivas o explosivas, las bombas eran provocadoras, creando una presión constante sobre la institución museística. Como recuerda Escobedo: “A veces no tenía tiempo ni para abrirlas, se me iban apilando”. Pero incluso como cerro de pendientes en el escritorio de la directora, las bombas de Kurtycz no pasaron desapercibidas. Continúa Escobedo: “El temperamento de las cartas-bomba era variado: a veces poéticas, a veces rabiosas, a veces grotescas: nunca sencillas.” Asimismo, menciona no haber sabido qué hacer con ellas, si agradecerlas, contestarlas, guardarlas o tirarlas. No era una época en que esta clase de objetos/envíos/relaciones se consideraran obra.

Durante aquellos años el MAM, así como la escena artística mexicana en general, vivían un proceso importante de crisis y transformación. “Nuevas propuestas”, como el arte correo, “lastimaban profundamente la idea del arte mexicano en el imaginario de las instituciones culturales del Estado”. Como postula la historiadora Rita Eder, éstas “aspiraban, a través del arte, a una representación de [la] identidad nacional por medio de valores estéticos establecidos” (2010, 29). La gestión de Escobedo (1982-84) buscó, sin embargo, la renovación, abriendo espacios para nuevos lenguajes y promoviendo una interacción más crítica y directa entre el artista y el público. Eder sostiene que este proceso transcurrió en un “encuentro paralelo” con Kurtycz, a través de sus envíos y de periódicas irrupciones en el Museo por parte del artista.

La relación entre Kurtycz y el MAM en los 80s nos permite también reflexionar en torno al cambio de los tiempos. Al momento en que escribo estas líneas (enero de 2014) se expone en el Museo todo un muro dedicado a arte correo, como parte de la exposición Obras son Amores, curada por Marisol Argüelles y Luis Orozco. El muro contiene obras que van de 1970 a 1990 e incluyen trabajos de Santiago Rebolledo, Diego Mazuera, Gabriel Macotela, Jesús Reyes Cordera, René Freire, Walter Zanini, Edgardo Antonio Vigo, Stelarc, Kurtycz, entre otros. La muestra destaca la importancia del arte correo en la renovación del MAM, su apertura hacia nuevas prácticas -como el performance-, su creciente interés en saldar la distancia con la calle y su “ruptura con el nacionalismo de la primera mitad del siglo XX”. No debe sorprendernos, sin embargo, que la muestra no se nutra de los archivos del MAM, que en su momento no supo valorar y conservar estas prácticas, sino de archivos privados, como aquel de Vicente Rojo Cama, Santiago Rebolledo, Mario Rangel, Ana María García, Armando Cristeto, Mónica Mayer, y muchos otros que guardan en casas y bodegas la memoria de aquel arte de la fuga.

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Arte correo '70s-'90s, Colección Santiago Rebolledo. Exposición Obras son Amores, MAM, noviembre 2013- marzo 2014. Fotografía Mara Polgovsky.

Ésta es otra manera de pensar en los dos ríos que menciona Marcin. El río de la memoria y el río del olvido que corren por cada obra de arte postal son también flujos de intimidad y exposición, corrientes de privacidad que nutren y atraviesan la construcción de lo público.

Cabe pues terminar estas notas con un interrogante que motive seguir la discusión. ¿Es el arte correo un fenómeno que “ha dejado de existir”, como propone Marcin o, siguiendo su naturaleza heracliteana, ha fluido hacia el soporte digital?

Referencias

Eder, Rita. 2010. El arte contemporáneo en el Museo de Arte Moderno de México durante la gestión de Helen Escobedo (1982-1984). México: UNAM.

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El arte correo en México en los años 1970s fue el resultado de un impulso de fuga. Fuga del museo, el nacionalismo, el autoritarismo, el mercado, fuga de la inmediatez entre la producción y la recepción de la obra de arte. Su fugacidad es también...

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En 1894 Octave Uzanne imaginaba el final de los libros. Acaso lo pronosticaba con acierto. Hoy se puede observar como ya nadie lee las novelas de Ives de Lalande, lo cual permite suponer que ya nadie lee las novelas de nadie. Dice Uzanne: “Si por libros entendéis esos innombrables cuadernos de papel impreso, doblado, cosido y encuadernado con una cubierta que anuncia el título de la obra, confesaré francamente que no creo en absoluto –y los progresos de la electricidad y la mecánica moderna así lo indican- que el invento de Gutenberg pueda a corto plazo no caer en desuso como intérprete de nuestras producciones intelectuales.”
Posteriormente, Uzanne especula sobre las formas de difundir y distribuir la civilización. Considera que las noticias llegarán, a modo de cápsulas, por medio de aparatos telefónicos hasta los hogares y las oficinas. Cada invención técnica trae aparejados sus posibles accidentes. El correo inventa el artecorreo, la bomba inventa el accidente, el internet acrecienta el calentamiento global y solo algunos de los posibles accidentes de cada técnica se verifican en la realidad, mientras otros subyacen como potencia que respira calma y queda. ¿Es el artecorreo una manifestación eminentemente ligada a un medio de distribución? Si tuviera que responder sí o no a la pregunta ¿ha dejado de existir el artecorreo o fluyó a soportes digitales?, contestaría patafísicamente que sí, ha dejado de existir, o se usa poco. Creo que se piensa como un anacronismo y se olvida que en algunos anacronismos late un fuego. ¡Hemos conocido de cartas que liberan sustancias asesinas! No estoy convencido de la vanguardia, ni de las intenciones de progreso, ni de la evolución. Probablemente los medios electrónicos que tanto se usan hoy día y noche vayan a terminar por desaparecer nuestros cuerpos. Y ese peligro si me asusta. No considero deseable el uso de internet por todos los accidentes que acarrea, entre ellos, el de un presente transparente a los ojos del gran Informático. Creo que hay que recuperar con urgencia todo aquello que exija el uso del cuerpo. La palabra con voz y tono. La piel con arrugas. El baile, claro. Y la bebida que alegra y mata, mediante el cuerpo que se pudre o se ahoga. La era digital en cambio, no mata nuestros cuerpos de peste o asma sino por el acto de descorporalización. Como mago que esfuma. Por eso, repito, mejor vivir con dosis de cicuta o de ternera y desalentar lo tele, discrepar en cercanía.

Mauricio Marcin

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En 1894 Octave Uzanne imaginaba el final de los libros. Acaso lo pronosticaba con acierto. Hoy se puede observar como ya nadie lee las novelas de Ives de Lalande, lo cual permite suponer que ya nadie lee las novelas de nadie. Dice Uzanne: “Si por...

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